Lcdo. Juan Carlos Rosario Molina

CUM Contramaestre, Universidad de Oriente.

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Resumen:

El presente artículo intenta analizar cómo la relación entre el enclave agrocomercial de Contramaestre y las explotaciones campesinas de Venta de Casanova, Guaninao, Los Pasos, Xavier y Oriente, así como el cordón cafetalero de la Sierra Maestra, han atravesado por diferentes formaciones y demarcaciones jurídico-territoriales que condicionan el carácter de un municipio de fronteras con diversas expresiones de multilocalidad. En la primera parte se abordará el protagonismo de un grupo de inmigrantes procedentes de las provincias españolas: gallegos, asturianos, catalanes y canarios que aprovecharon la cobertura de inversiones trasnacionales para hacer de un barrio del término municipal de Jiguaní un pueblo con identidad propia y ramificaciones comerciales hacia las importantes ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo en un contexto de gran movilidad social y cultural, donde intervienen otros grupos migratorios procedentes de Jamaica, Haití y otras islas caribeñas. En la segunda parte se abordarán los cambios operados a partir del triunfo de la Revolución en 1959 hasta la creación del municipio de Contramaestre. Esta realidad gravitó, en un primer momento, alrededor de unas relaciones de autoconsumo–mercado con fuertes implicaciones en la distribución asimétrica de las poblaciones concurrentes en espacios urbanos y rurales que han derivado en la existencia -hasta la actualidad- de percepciones étnicas de los barrios, formas de organización familiar e identidades de los grupos de parentesco que dan paso a cuestionamientos sobre la unidad del municipio en términos geográficos y jurídico-administrativos.

Palabras claves: organización familiar, demarcaciones jurídico-territoriales, espacios urbanos y rurales, grupos de parentesco.

Abstract:
This article attempts to analyze how the relationship between the location of agribusiness and small farms Boatswain Sales Casanova, Guaninao, Los Pasos, Xavier and East as well as the string coffee from the Sierra Maestra, have gone through various training and legal boundaries condition-territorial character of a border town with various expressions of multi-local. The first part will address the role of a group of immigrants from the Spanish provinces: Galicia, Asturias, Catalonia and Canary Islanders who took the cover transnational investments to a municipal district of a town Jiguaní identity and ramifications to the important commercial cities of Santiago de Cuba and Bayamo in a context of great social and cultural mobility, which involves other migrant groups from Jamaica, Haiti and other Caribbean islands. The second part will address the changes since the triumph of the Revolution in 1959 until the creation of the municipality of Boatswain. This really gravitated, at first, about a consumption-market relationships with strong implications for the asymmetric distribution of populations occurring in urban and rural areas that have led to the-present existence of perceptions-ethnic neighborhoods forms of family organization and identities of kinship groups that lead to questions about the unity of the municipality in terms of geography and legal-administrative.

Keywords: family organization, legal and territorial boundaries, urban and rural areas, kinship groups.

Contramaestre: el barrio de Maffo se convierte en enclave agrocomercial (1903 1955).

Este pueblo vino montado en Pata de Hierro.

Antes del ferrocarril esto era monte.

¿De dónde aquellos galleguitos[1] iban a sacar

dinero para hacer aserrios, bodegas y

descascaradoras de café?

(René Fernández, entrevista de mayo del 2001)

Contramaestre es uno de los pueblos que surge al calor del proceso inversionista y el movimiento comercial operado en Oriente durante las primeras décadas del siglo XX. En 1903 el presidente Tomas Estrada Palma autorizó la concertación de un contrato[2] con el señor Enrique Mesa y Martínez apoderado de la Cuban Railroad Company que representaba William Van Horne, otorgándole el derecho de disponer de los terrenos del ayuntamiento de Jiguaní para la construcción del tramo de ferrocarril entre los ríos Contramaestre y Cautillo. Dicho contrato se realizó sobre términos y condiciones muy favorables para la compañía:

Primera: “El Sr. Mesa queda encargado, como delegado del Ayuntamiento de Jiguaní, durante cinco años, del cobro de réditos vencidos y de los que en lo sucesivo venzan de las tierras”.

Segunda: “Practicar las medidas y deslindes de los lotes de terrenos no repartidas en el censo”.

Tercera: “Se le concede al Sr. Mesa el aprovechamiento forestal de las caballerías de tierras no acensuadas por el Ayuntamiento de Jiguaní”.

Estas condiciones permitieron a la Cuban Railroad Co. explotar estas tierras a precios muy bajos, principalmente la rica reserva forestal que poseía, lo que propició la venta de terrenos a muchas personas que trabajaron en la construcción del ferrocarril. Este tipo de contrato se realizó utilizando el procedimiento de compra de tierras y “permisos revocables” emprendido por el empresario ferrocarrilero William Van Horne[3], ante las limitaciones que contenían las disposiciones sobre propiedad territorial e inversiones extranjeras promulgadas por el gobierno interventor, y que mantuvieron su vigencia después de la aprobación de la Constitución de 1901. Para buscar un apoyo oficial a este tipo de contratos la compañía implicó a funcionarios públicos, como es el caso del citado Enrique Mesa y Martínez, quién además de apoderado de la compañía era miembro de la Junta de Agricultura, Industria y Comercio (Bacardí, 1924: 225). Durante el período de ocupación norteamericana, las tropas asentadas en Jiguaní el 20 de Diciembre de 1898 entregaron al grupo norteamericano Howall 485 caballerías de tierras en Venta de Casanova, y 671 caballerías al cruzar el río Contramaestre para construir un central azucarero, que terminó de construirse en 1913 con el nombre de América, cuyo administrador fue el Sr. Federico Fernández Rosillo, de origen español (Galardi, 1995: 67).

Un ejemplo que evidencia la fragilidad jurídica en cuanto a la tenencia de tierras es el caso de los terrenos de Venta de Casanova. Después de ser adquiridas por la mencionada compañía norteamericana, tres de sus fincas: La Venta, Guayabal y Las Doncellas aparecían como pertenecientes al ayuntamiento de Jiguaní, hasta 1910, fecha en que pasaron a manos del señor Joaquín Ferrer y Ferrer, que decía haberlas poseído desde 1904. Por su parte, las fincas la Caridad, Las Paulitas y Demajagual, que pertenecían al Término Municipal de Palma Soriano, fueron entregadas en posesión a favor de Ramón Rodríguez Martínez en 1901, y ya en 1902 son transferidas al empresario William Van Horne. Estas fincas son asentadas en el Registro de Propiedad el 28 de Febrero de 1923 a nombre del propietario de origen canario Federico Almeida[4], quien las vendió a Federico Fernández Rosillo[5], representante de Sugar States of Oriente Co. a un precio de 271 339. 60 pesos. El 4 de Abril de 1929 el mandatario de turno Gerardo Machado compró 441 caballerías de tierra a la Compañía. Ubicada a una legua al norte del pueblo de Contramaestre, sería el territorio escenario de un encarnado conflicto entre campesinos y la viuda del derrocado presidente a partir del 12 de Agosto de 1933 (Aleaga, 2003: 22-23). Este tipo de operaciones permitió a las compañías y propietarios realizar transacciones de venta de tierras a los campesinos interesados, sin que existiera amparo contractual. Por lo que se hicieron frecuentes las arbitrariedades con relación a la tenencia de las posesiones adquiridas por los campesinos.

El surgimiento del poblado de Contramaestre está estrechamente vinculado a un proyecto de parcelación y venta de terrenos de la finca Vista Hermosa[6] en 1910. Dicha finca compuesta por tres caballerías de tierra adquirida por un valor de 3000 pesos moneda americana a favor de la Cuban Railroad Company, acto que realizó el Sr. Lucas Domingo Pichardo y Moya, apoderado de dicha empresa, cuyo poder fue otorgado por el Sr. William Van Horne, presidente de la misma. Para la venta de solares eran preferidos aquellos trabajadores que habían participado en la construcción del ferrocarril, con los cuales la empresa tenía atrasos de liquidez, muchos de ellos de origen canario y gallego.

Lo descrito hasta aquí devela que el ordenamiento jurídico-administrativo de Contramaestre es resultado de diversos procedimientos contractuales. Este hecho condicionó la existencia de variadas formas de registros y asentamientos de propiedades y contratos legales, de tal forma que muchos de los terrenos vendidos por la compañía ferrocarrilera aparecen asentados en los archivos regionales de la Cuban Railroad Company en Camagüey, los asentamientos notariales, impuestos y registros de propiedades aparecen en Jiguaní y Palma Soriano respectivamente.

Lo cierto es que importantes comerciantes y refaccionistas radicados en Santiago de Cuba vieron la posibilidad de consolidar negocios relacionados con el comercio de madera, café y víveres. Según el historiador local Manuel Galardi: “La urbanización tenía más de veintidós manzanas con veinticuatro solares cada una, vendidos a doscientos pesos y más. El monopolio ferrocarrilero yanqui obtuvo más de cien mil pesos oro” (1995: 67).

. En el año 1916 comienza a instalarse en Contramaestre una de las principales empresas comerciales del término municipal de Jiguaní, Garcés-Morín y Compañía S. A. con un capital en efectivo de más de 50 000 pesos y un crédito ilimitado. La revista “Orto” (1919), publicación editada en Manzanillo, promotora del desarrollo comercial e industrial en el oriente cubano, describe en uno de sus reportajes el alcance comercial y financiero de dicha compañía:

“La sociedad Garcés-Morín y Compañía S. tiene las siguientes propiedades: importación de víveres y exportación de frutos del país, y de maderas: dos sucursales (tiendas mixtas) una en Contramaestre y otra en Bijagual que tiene un promedio de venta cada una que fluctúa entre 75.000 a 80.000 pesos. Taller de aserrío y materiales de construcción, preparación de café en gran escala, compra-venta de frutos del país” (1919: 11-12)

Como se puede apreciar las operaciones de dicha compañía eran variadas y no se limitaban solamente a los rublos exportables como la madera y el café; Esto promovió una importante actividad refaccionista, al propiciar la instalación de tiendas mixtas, bodegas y ventorrillos en áreas rurales y urbanas que tenía importantes conexiones con el poderoso grupo financiero y comercial de Santiago de Cuba. Los acreedores de la sociedad Garcés-Morín, tenían un considerable respaldo financiero entre los que se puede mencionar dos importantes firmas:

1- Venancio Mercadé S.C. de origen catalán.

“El crédito de esta sociedad está respaldado por amplias referencias teniendo sus cuentas bancarias en The First National Bank of Boston, The National City Bank of New York y The Royal Bank of Canada realiza sus operaciones comerciales de importación y almacenistas de víveres, ferretería y frutos del país” (Luaces, M. & JV. Castillo, 1943: 41).

2- Sobrino de Abascal S-L.

“Se dedica a la importación de víveres, consignación de buques, agencia de seguro, producción y exportación de café y cacao. Su capital inicial fue de 200.000 pesos. Miembro de la Cámara de Comercio de Santiago de Cuba, se dedicó en un tiempo a la exportación de madera fina, y ha sido consignatario de Larrinaga y Compañía, Liverpool, Compañía Naviera de Pinillos Izquierdo y Cía. de Cádiz, Hamburgo América Lines. Representó en Santiago de Cuba a la United Fruit Co. de Boston, New York y Nueva Orleans, Royal Bank of Netherlands S. S. Comp. de Curazao, Indias Holandesas. Posee tres haciendas de café y cacao en Contramaestre, y es refaccionistas de un gran número de fincas en esta zona.” (Luaces, M. & JV. Castillo, 1943: 42)

El comercio refaccionista de Contramaestre, además del respaldo comercial de estas importantes casas, promovía la imagen de sus productos grabados en los impresos comerciales.[7] Los viajantes y funcionarios de dichas compañías visitaban sistemáticamente el pueblo y transportaban los productos con sus medios ferroviarios y transporte de carretera. La construcción del tramo de ferrocarril San Luis/Manzanillo, terminado en 1911, y el paso de la Carretera Central en 1928, fueron factores que potenciaron el desarrollo agro-comercial del territorio, porque convirtieron al pueblo en entronque que articulaba las operaciones de los términos municipales de Jiguaní, Palma Soriano y Alto Songo –los mayores productores de café de la República entre 1940-1954- con Santiago de Cuba y Bayamo. En el período de 1940-1950 la provincia de Oriente produjo 8 315 910[8] quintales de café. El mayor volumen de la producción correspondiente a los términos municipales arriba mencionados se procesaba y beneficiaba en Contramaestre, que contaba con varias de las plantas beneficiadoras del café e infraestructura de almacenaje del producto final.

El núcleo urbano se caracterizó por el establecimiento de importantes instalaciones para el beneficio y almacenaje de café y maíz, al ocupar una posición geográfica central entre el cordón cafetalero del sur oriental y la franja cañera del Valle Central. Los términos municipales de Palma Soriano[9] y Jiguaní tenían características socioeconómicas parecidas: el primero de ellos en 1946 poseía 3. 675 fincas; dentro de su jurisdicción se encontraban los centrales América, Palma y Miranda, según el censo de 1952 tenía 49. 600 cabezas de ganado vacuno y 14. 400 cabezas de ganado porcino. Por su parte el término municipal de Jiguaní tenía 3. 149 fincas, con 55. 500 cabezas de ganado vacuno y 16. 000 cabezas de ganado porcino (De La Torre C., Aguayo A. y Marrero L., 1955). Los colonos productores de caña de azúcar de Baire y Contramaestre vendían la materia prima al central América. De aquí se puede inferir la complementariedad entre colonos y pobladores pertenecientes a estos dos términos municipales y donde Contramaestre se convirtió en un anclaje fronterizo para las operaciones agrocomerciales.

Para cubrir la demanda productiva y comercial de los términos municipales del cordón cafetalero del sur oriental y la franja cañera del Valle Central no sólo se necesitaba capital, sino también un mercado laboral activo y movible. Esto dio cobertura a un intenso proceso migratorio que atrajo a la región un gran número de inmigrantes de diversas procedencias: gallegos, catalanes, asturianos, canarios, y que fueron definidos para las tramitaciones jurídicas y administrativas como inmigración española. En el caso de la migración antillana llegaron importantes contingentes de haitianos, jamaicanos y de otras islas del Caribe. Estos flujos migratorios crearon grades contrastes etnoculturales.

Con el fracaso de los frentes pioneros[10] o proyectos de colonización surgidos al calor del proceso inversionista de las empresas estadounidenses y que estimulaban la inmigración de colonos norteamericanos, finlandeses y suecos para crear ‘franjas agrícolas modernas’ se abre paso a la migración antillana (Pérez de la Riva, 1975; Saruski J., 1986; Rosario J.C., 2007). El interés coyuntural del empresariado norteño para resolver el déficit de braceros para las zafras demandó la importación de grandes contingentes antillanos (jamaiquinos y haitianos). Es así como fue condicionado el mercado laboral hacia una tipología de empleo estacionario basada en la contratación individual, con gran incidencia en la utilización de braceros a tiempo parcial, atendiendo a la etapa emergente de cosecha.

Es significativo apreciar que tanto en el período de fomento migratorio 1900-1919, como en el de contracción de la migración 1922-1933, las leyes y disposiciones establecidas se plantearan sobre la base de una norma de estabilidad poblacional y social en el campo. La ley sobre migración de 1906 favorecía el tipo familiar, y disponía el compromiso de terratenientes y colonos de establecer contratos con los jefes de familia que asegurasen la estabilidad de los mismos en las fincas. Los terratenientes debían estar dispuestos a cederle en propiedad el terreno para la explotación agrícola y proporcionarle trabajo remunerado y duradero que permitiera el sostén de la familia. (Pichardo. H, T. III, 1969: 275). La ley de repatriación -decreto 2232 de 1933- autorizaba a la repatriación forzosa de los extranjeros que no disponían de trabajo ni de recursos. Esta ley afectó principalmente a los braceros antillanos (Pichardo, H., IV, 1986: 75-6).

Los comerciantes de Contramaestre desarrollaron una diversidad operativa y arriesgaban los créditos tanto en el ciclo de producciones estacionarias (caña de azúcar y café) como el de reproducción del autoconsumo familiar, y donde los campesinos podían pagar las deudas asumidas con reses, maíz y otros frutos menores. Esto creaba una importante red de clientes rurales[11] en los territorios pertenecientes a los términos municipales de Jiguaní y Palma Soriano.

Los esfuerzos de este grupo vanguardia del comercio contó con el apoyo mediático de cuatro publicaciones del período, que se convirtieron en importantes recursos para la producción de imágenes sobre el desarrollo agro-comercial del pueblo: La revista “Orto” editada en Manzanillo, El Periódico Oriente y los libros Cuba Contemporánea (1943) y Los Españoles en Cuba (1953). La Información que aparece en dichas publicaciones resalta la prosperidad de las empresas contramaestrenses, con reportajes y fichas de identificación de las más importantes casas y firmas comerciales, así como de sus directivos. Para la edición de los libros mencionados los comerciantes locales hicieron donativos considerables. Por su parte, las dos restantes publicaciones recibían ingresos por la promoción de productos y firmas.

En 1944 los editores del periódico Oriente publican una crónica donde se describe:

“En 1934, Contramaestre sólo tenía 200 habitantes y en 1944 contaba con seis mil[12] almas y cuenta con establecimientos públicos tan pulcros y bien dotados como los de la propia Habana: cafés, hotel, farmacia. Desde el punto de vista económico: sus fincas de café producen un promedio anual de dos millones de pesos; sus negocios de maíz tienen un volumen de un millón, y los de cacao aunque más pequeños no son despreciables”. (Oriente, 1944: 4).

Este despliegue publicitario estaba dominado por el contenido de los “proyectos de modernización” que habían defendido grupos influyentes de la economía, la política cubana de aquella hora y el empresariado estadounidense. El gran interés de almacenistas y viajantes era encontrar consumidores de sus productos de forma tal que les permitiera controlar una mayor cantidad de cosecheros de café y maíz y operar con precios razonables. Si esto es así, las relaciones autoconsumo–mercado practicadas por los grupos domésticos establecidos en las zonas rurales de Contramaestre no deben ser vistas en términos de ingresos estacionarios; considerando que las estrategias domésticas combinaban múltiples actividades de producción de ingresos a partir de los trabajos relacionados con las cosechas de caña-café y otras producciones asociadas y rotatorias que complementaban el ciclo de ingresos estacionarios. El enclave comercial de Contramaestre con sus ramificaciones hacia las zonas rurales de la Sierra Maestra y una importante franja de la llanura del Cauto favoreció la creación de pautas de consumo que exigirían múltiples formas de obtención de ingresos y una gran operatividad de las familias para acceder las diferentes formas de empleo, distribución e intercambio.

La constitución de El Círculo Hispano-Cubano de Contramaestre[13], hecho que cristalizó el 22 de febrero de 1919 fue inaugurada el 24 de junio del mismo año, y se convirtió en un resorte institucional para consolidar el reconocimiento público del grupo de vanguardia del comercio. Ligada al casino existía una sociedad de mujeres “La Milagrosa” con fines benéficos con 113 asociadas de Contramaestre, Maffo, América, Baire, Jiguaní y Guaninao y una sociedad infantil con 32 niños asociados. En total el casino sumaba 400 asociados (Carnero, 1924). Al amparo del recreo y la beneficencia operaba la maquinaria comercial refaccionista y financiera. Con la inauguración de su primer inmueble en 1920, fue habilitado un departamento a una oficina del Royal Bank of Canada, lo que indica la estrecha relación de la directiva con importantes grupos financieros que operaban en el país.

Como parte del accionar público del Círculo Hispano-Cubano son promovidas la “Fiesta de San Juan” (24 de junio) y la “Fiesta del Guajiro”. Mientras que la evocación de San Juan[14] parece ser más abierta y diversa desde el punto de vista sociocultural que llegó a convertirse en el carnaval del pueblo; la “Fiesta del Guajiro” era más reservada. Por otra parte, al ser una celebración urbana, el componente campesino emerge como imagen central de la ritualización. En cierto sentido una mostraba la identidad local a través de sus diferentes estratos sociales, la otra mostraba una identidad sectorial (campesina) en un espacio privado y urbano. La “Fiesta del Guajiro” permitió al sector agro–comercial dominante consagrar su posición social, a través de una ofrenda festiva de gran magnitud simbólica.

Ordenamiento jurídico-administrativo de barrios, bateyes y pueblos del municipio de Contramaestre (1960 hasta la actualidad)

La relación jurídico-administrativa del pueblo de Contramaestre sufrió importantes cambios después del triunfo de la revolución, como señala Olna Mara Machado (2009).

“Las diferentes leyes y reformas materializadas por el Gobierno Revolucionario en los primeros años, -Ley de Alquileres, Reforma Agraria (1959 y 1963), Reforma Urbana (1960); la de nacionalización de la industria y la banca; la creación de los Gobiernos Municipales sustituidos por las JUCEI (Juntas de coordinación, ejecución e inspección), a su vez reemplazados por los Órganos del Poder Local en 1966 y luego por el Poder Popular en 1976; las Divisiones Políticos Administrativas de 1963 y 1976, esta última vigente aún, propiciaron los primeros cambios en la región y reestructuraron el territorio, favoreciendo la aparición de poblados y ciudades”. (Machado, 2009: 24)

Con la aplicación de las leyes de Reforma Agraria ejecutadas por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y la puesta en práctica de los planes de desarrollo agropecuario en el territorio, que otorgó los mayores recursos al sector azucarero, aparecen nuevas estructuras organizativas que reorientaron las antiguas relaciones entre las poblaciones urbanas y rurales: Baire, Contramaestre y Maffo –que hasta 1958 pertenecían al Término Municipal de Jiguaní- se unieron al municipal “América Libre”, cuyo centro jurídico-administrativo era el Regional Palma Soriano de la Provincia de Oriente. No obstante, las directivas del sector agropecuario, por estar proyectado hacia el comercio exterior[15] , dependían de la dirección del INRA. Las facultades del Poder Local se orientaban hacia los servicios tales como: salud, educación, vivienda y desarrollo urbano, electrificación y la red minorista del comercio interior. De esta forma en el municipal América Libre funcionaban administraciones sectoriales, locales, regionales, provinciales y nacionales.

Contramaestre por ser un núcleo urbano estratégico, que comunicaba con las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo se fue convirtiendo en el pueblo cabecera del municipal América Libre. A esto contribuyó una gran cantidad de inmuebles y almacenes convertidos en oficinas e instituciones de servicio público después de ser expropiadas a los comerciantes, mucho de los cuales decidieron emigrar a los Estados Unidos. Otro factor que favoreció el destino como sede municipal fue la posibilidad de contar con las principales vías de acceso, el ferrocarril (1911) y la Carretera Central (1928).

Para tener una idea más clara de este proceso es necesario indicar que en el sector agrícola vinculado a la producción cañera se establecen las granjas del pueblo, unidades productivas que surgen del proceso de confiscación y nacionalización de las grandes y medianas colonias. Dichas unidades sufrieron sistemáticos cambios de estructura: brigadas permanentes de producción, distritos, hasta llegar a las unidades básicas de producción cooperativa en 1993. Como expresa José Almarales Pompa (2009)

“A este central tributaban colonos como Coca, Rodrigo Campo, Wallonrat, María Fernández (Mariíta), Feliciano Budejen, Félix López y otros. Todos representados por José Roca quien presidía la Asociación de Colonos. Además en el tiempo muerto el dueño daba trabajo en otras fincas de su propiedad sólo algunos trabajadores así como un anticipo para comprar en sus mismas propiedades hasta que se iniciara la cosecha”. (Almarales J., 2009: 44)

Lo referido por Almarales ayuda a entender cómo los trabajadores, ligados a las labores agrícolas, trataron de aprovechar la infraestructura creada por los colonos para construir sus casas en los predios de las colonias o cerca de estas; este fenómeno de movilidad recibió el beneplácito de los propietarios que garantizaban una fuerza de empleo permanente. Varios caseríos y bateyes surgen como resultado de estas prácticas, entre los que se puede citar: Las Cruces[16] , Batey de Rodrigo Campo, Romana 7, Las Guásimas, Coca (actual barrio de La Mantonia), Naranjo y La Carolina[17]. En las colonias se instalaron tiendas de víveres o mixtas y estaban unidas al central azucarero a través de caminos y vías férreas, lo cual les otorgaba una unidad social y productiva que funcionaba como mercado de trabajo. Las antiguas medidas de intervención y nacionalización del comercio interior practicado por el Estado convierten las bodegas de colonos y comerciantes en las llamadas tiendas del pueblo, donde se establece el registro de consumidores[18] como un tipo de control de la población, tanto de zonas rurales como urbanas. Otras estructuras de organización y registro de la población son los Comités de Defensa de la Revolución CDR y las circunscripciones, surgidas después de 1976 para establecer el sistema electoral de los Órganos del Poder Popular.

En 1973 se funda la Empresa Municipal de Cítricos “América Libre” para el fomento citrícola hacia el noreste y noroeste de la ciudad de Contramaestre. Las principales áreas se ubican en Boltón, Bungo y la zona de la antigua colonia de Laureano Sánchez. De forma paralela comienzan a construirse las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo (ESBEC), los Institutos Preuniversitarios en el Campo (IPUEC) e Institutos Politécnicos. Todos estos centros educacionales estaban vinculados a la producción citrícola y reciben estudiantes de toda la provincia Santiago de Cuba. Muchos de los profesionales de la educación, que vivían fuera del municipio deciden radicarse en la ciudad. Pero el factor principal en el acelerado crecimiento de la población se debe a la inmigración del campo a la ciudad.

Un primer monto migratorio se produce a finales de la década del sesenta, por la reubicación de la población que habitaba en la zona donde se construyó la presa “Carlos Manuel de Céspedes”, y que afectó poblados y caseríos rurales como los de La Carolina, Tilita, Bambá y Bijagual. Estas familias fueron reubicadas en los repartos Cabrera y Frank País de la ciudad de Contramaestre, en el Nuevo Bijagual de Maffo, en el actual reparto de Nito Ortega[19] y en Bungo (único ubicado en zona rural). El modelo constructivo para las casas de los nuevos residentes fue el denominado Sandino, consistente en paredes de piezas de hormigón prefabricadas y techo de asbesto-cemento.

En 1976 se crea el municipio de Contramaestre como parte de la nueva división político-administrativa y comienzan a darse las condiciones para la reorganización del gobierno municipal, que cristaliza en 1978. Pero es en la década del ochenta que se crean las principales instituciones de planificación del desarrollo local como la Dirección Municipal de Arquitectura y Urbanismo (DAU), la Empresa de Materiales de la Construcción, Empresa de Mantenimiento Constructivo y la Empresa de Servicios Comunales. [Si en 1952 el pueblo tenía una población de 7, 834] “en 1981, la ciudad contaba 335.23 ha. y una población de de 32 877 habitantes, con una densidad bruta de 98 hab/ha y 4.57 hab/viv. En 1986 la ciudad totalizaba una población de 39 340 habitantes en 8 958 viviendas en una extensión de 453. 39 ha”. (Machado, 2009: 29). Para el año 2002 la ciudad contaba con 43 000 habitantes.

El segundo monto migratorio comienza a finales de los años setenta y la década ochenta del pasado siglo. En el proceso intervienen familias procedentes de Limoncito, La Güira, La Torcaza, el municipio de III Frente, poblaciones vinculadas al cordón cafetalero de la Sierra Maestra y desde las zonas de Bungo, Venta de Casanova y Laguna Blanca al norte de Contramaestre, el área de residencia fundamental fue el reparto Lumumba y Nápoles. Un factor de peso en esta etapa fue el proceso de cooperativización de la agricultura promovido por el Estado, donde muchos propietarios entregan sus tierras a cambio de pensiones o las venden a las Cooperativas de Producción Agropecuaria. Con el establecimiento del Mercado Campesino a principios de los años ochenta muchos de los productores agrícolas aumentan sus rentas y deciden construir casas en la ciudad, aunque mantienen sus fincas, compran solares en los repartos Frank País, Cabrera, Rosabal, el barrio de la Filomena y Macario fundamentalmente.

En este período se construyen los bloques de edificios multifamiliares del reparto 30 de Diciembre en el Consejo Popular Frank País, para beneficiar a las familias de trabajadores del sector profesional de la salud, la educación, el MININT, las FAR, el sector azucarero y la construcción. Las nuevas áreas urbanas quedan bajo jurisdicción de los Consejos Populares de Lumumba, América Libre, Maffo y Frank País, este último continuó siendo el centro urbano fundamental de la ciudad.

“Subir o bajar al pueblo”. La percepción de fronteras imaginadas entre barrios, bateyes y pueblos del municipio de Contramaestre.

Y la gente de Lumumba dónde está/

Y la gente de la Carolina/

Qué dice la gente de Frank País/

Dónde está la gente de Maffo[20].

En este apartado se abordará cómo las demarcaciones jurídico-administrativas, que históricamente ha tenido Contramaestre, tienen implicaciones simbólicas en el sentido que sus pobladores dan a las relaciones entre barrios, bateyes y la ciudad, así como la forma de percibir sus identidades interlocales. Se parte de la idea defendida por Douglass (1999) de que la frontera es una construcción humana que forma parte de los mapas mentales de las poblaciones, haciéndolas en ocasiones informales, metafóricas y procesuales. De aquí la importancia de analizar el municipio desde una perspectiva multilocal y considerando la movilidad social de sus habitantes.

“Vivo aquí en Lumumba desde el año cincuenta y cuatro, anteriormente vivíamos en Manaca, camino a Los Baños, donde teníamos una finquita, pero el viejo la hipotecó y vinimos pa´l pueblo. Este pueblo me gusta porque tiene mucha vida, aunque este reparto es el más malo, no tiene alcantarillas y muy pocas calles asfaltadas, hay problemas con el agua y para divertirte o morirte tienes que subir al pueblo. Siempre ha existido pique entre la gente de aquí y la de Frank País, casi todas las noches salíamos a enfrentarnos a los bitongos de allá o aprovechábamos la salida de la escuela, cuando no había motivos para pelear lo buscábamos”. [21]

La descripción hecha por el informante confirma que los pobladores urbanos o rurales no ven la ciudad desde el trazado físico de sus núcleos urbanizados, sino que construyen múltiples narrativas a través de las cuales develan diferentes percepciones de la multilocalidad, sus límites y la movilidad social de sus habitantes. Si bien es cierto que el pueblo/ciudad ha atravesado por diferentes formaciones y dependencias de ordenamiento jurídico-administrativo, que adicionó nuevos núcleos urbanos, la noción de pueblo de los contramaestrenses alude a la urbanización originaria, surgida en 1913 y que concentra las principales redes de comunicación y servicios públicos.

Las construcciones semánticas sobre la percepción de barrios y áreas urbanas con problemas de acceso a los servicios básicos han comenzado a nutrir el enfoque sociológico de segregación y marginalidad urbana en Cuba (Núñez R. y Oliveras R., 2008). En el caso de Contramaestre, sin dejar de considerar los factores de presión demográfica y habitacional, es importante cuestionar acerca de los diacríticos culturales entre las poblaciones campesina y urbana, así como el marcaje étnico y de parentesco utilizado en la construcción de status adscritos e identidades negativas de los barrios con mayores dificultades en la gestión pública del gobierno local.

Si hasta los años sesenta las relaciones conflictivas entre los residentes del reparto Frank País con los de Lumumba y Maffo estaban dominadas por una noción clasista, el orden de llegada a los asentamientos urbanos y el aislamiento relativo de los últimos, desde mediados de los años ochenta y hasta la actualidad son los factores de presión urbanística: carencia de redes de hidráulicas, espacio habitacional, higiene y otros servicios básicos los marcadores emergentes de las diferencias. En este periodo la escasez de espacio habitacional se gestionó por decisión de las propias familias que aprovecharon los patios y placas de las casas para construir nuevos módulos o subdividieron los inmuebles para ceder una parte de los mismos a los hijos que formalizaban nuevas familias. La línea del ferrocarril es un referente físico y tangible que separa los repartos Lumumba y Frank País 12.309 y 18.022 habitantes respectivamente, sin embargo no existe un límite visible entre Frank País y el Consejo Popular de Maffo, otro núcleo urbano que con una población de 13. 153 habitantes tiene una identidad propia como pueblo, e incluso en el pasado llegó a tener la condición de alcaldía de barrio con jurisdicción sobre el pueblo de Contramaestre.

La migración del campo a la ciudad hace que muchas familias extendidas o múltiples reciban etiquetajes negativos del vecindario. Un ejemplo es el de una familia que se estableció en el reparto Frank País procedente de III Frente a finales de los ochenta, y que los vecinos le han asignado el estigma de “los muchísimos” en clara alusión al número de miembros del grupo doméstico[22]. Los rumores de algunos vecinos acerca de las prácticas y convivencia familiar refieren: que son desordenados, sin integración laboral y de poca higiene. Un acercamiento a los miembros de la familia niega estos rumores, en realidad son laboriosos, poseen dos puntos de agricultura urbana, dos de las mujeres se emplean en el sector de la salud y otra es auxiliar de limpieza en la Terminal de Ómnibus, que en su tiempo libre ayudan a un hermano y al padre con las ventas del mercado agropecuario. La familia funciona como un grupo corporativo que ha creado fuertes relaciones con productores agrícolas del municipio y de la provincia de Holguín, a los cuales brindan hospedaje y facilidades para el acarreo de los productos que posteriormente serán destinados a los puntos de venta de la ciudad.

Llama la atención que estos gravámenes imaginarios se establezcan sobre este grupo y no sobre otras familias que realizan prácticas de mercadeo similares. Algunas conceptualizaciones metafóricas del imaginario social pueden ser anárquicas, mientras que otras surgen de formulaciones y normativas institucionales, como pueden ser las relacionadas con la integración laboral[23]. El cuerpo de inspectores estatales realiza continuos controles a los trabajadores por cuenta propia por considerar que estos realizan tráfico ilícito de productos y materias primas, tales controles tienden a crear una imagen negativa de los cuantapropistas.

Un ejemplo del impacto normativo sobre determinados núcleos poblacionales de Contramaestre es la categoría de zonas de riesgo y economía informal que recae sobre algunos barrios rurales, como el Batey de Rodrígo Campo (Haití Chiquito), Xavier, La Carolina, Las Guásimas. No obstante, en el trabajo de campo realizado se evidencia que los residentes tienen una integración social y laboral que alternan con otras actividades que generan ingresos al interior de los grupos domésticos. En estos barrios surgidos a partir de la relación laboral e infraestructural con los antiguos colonos, anterior a 1959, la composición social y cultural es heterogénea, pero son percibidos como barrios de negros, y más insidiosamente como barrios de haitianos[24] ; lo que quiere decir que sus residentes heredaron el status adscrito que -cubanos y otros grupos de inmigrantes en el pasado- habían construido sobre los inmigrantes haitianos, independientemente de que fueran o no descendientes de los caribeños.

Un caso enigmático es el Batey de Rodrigo Campo, que ha sido bautizado con el topónimo de “Haití Chiquito”; con una población entre 300 y 350 habitantes, se encuentra dentro de los límites de la Unidad Básica de Producción Cooperativa de Romana Siete. Sólo una pequeña parte de los pobladores están vinculados a la cooperativa, mientras que 17 trabajan en la granja avícola de Las Cruces. La actividad dominante es la producción y comercialización de productos agrícolas y frutales; una parte importante de los productos son traídos de la Sierra Maestra o las zona citrícola del municipio y se venden en un punto de venta habilitado cerca del la Carretera Central que limita los municipios de Palma Soriano y Contramaestre. Por cada 45 kilogramos de mercancía declarada al punto deben pagar cinco pesos por la estadía, además de dos pesos por el custodio de los productos. Tal situación ocasiona una relación conflictiva entre los vecinos y el administrador del punto de venta. La situación ha derivado en opiniones de algunos funcionarios de la administración pública que consideran a los residentes como conflictivos. Puede considerarse que a los perjuicios étnicos construidos por otros acerca del barrio, se unen los efectos colaterales por un manejo inadecuado de las actividades de comercialización de los productos agrícolas por parte de los funcionarios estatales.

Es oportuno reiterar que Contramaestre es un municipio fronterizo, perteneciente jurídica y administrativamente a la Provincia de Santiago de Cuba, ubicado a 75 kilómetro de la ciudad cabecera por el este y a 44 kilómetro de la ciudad de Bayamo por el oeste. Los contramaestrenses mantienen unas relaciones formales y explícitas con la ciudad de Santiago de Cuba a la que abastece de gran parte de los productos agrícolas y de agua. Las relaciones con la ciudad de Bayamo se presentan como implícitas y más informales, aunque históricamente parte del territorio del municipio perteneció al antiguo término municipal de Jiguaní. Las redes del comercio informal de Contramaestre se abastecen de los mercados y centros productivos de Bayamo y otros municipios de la provincia de Granma. A pesar de los controles policiales, cientos de contramaestrenses transportan: helado, embutidos, leche en polvo, queso, mantequilla, pescado fresco y arroz, con lo que se articula un mercado alternativo que tiene un peso significativo en el consumo de los pobladores.

A manera de consideraciones finales

El municipio Contramaestre con una población de 105 mil 513 habitantes presenta significativos contrastes, expresados en su distribución demográfica, límites físicos, presión urbanística y en las construcciones metafóricas que unos pobladores hacen respecto a los otros y viceversa. Por una parte los residentes en zonas rurales sólo representan el 35 % de la población total, mientras que el 64 % reside en los cuatro núcleos urbanos de la ciudad, que surgieron como áreas separadas del núcleo fundamental. Si bien es cierto que la relación interlocal no es en extremo conflictiva, existe una prominente producción de narrativas que alimentan las nociones de identificación de tantos nosotros respecto a tantos otros, y que en última instancia conforma una cartografía mental aprehendida por múltiples discursos de identidades locales.

En términos de identidad existe una aprehensión múltiple y difusa de identidades relacionadas con las dinámicas de diferentes grupos sociales y étnicos, que históricamente han compartido los espacios sociales del territorio. Mientras que los núcleos rurales donde residieron inmigrantes antillanos son percibidos por los contramaestrenses como «barrios de haitianos», Contramaestre es percibido como un pueblo relacionado con la migración de cuño español. De forma intermitente algunos historiadores, escritores y artistas locales se han apoyado en las versiones de antiguos pobladores para establecer La fiesta de San Juan (24 de junio) o el 5 de Febrero de 1913 (fecha en que el Ayuntamiento de Jiguaní aprobó el plano de la urbanización) como los referentes simbólicos que unen a los contramaestrenses. Del simbolismo de San Juan solo perdura la evocación ritual en el Río Contramaestre y recientemente la administración local ha asumido la fecha de fundación de la ciudad como Semana de la Cultura.

Habría que preguntarse ¿Cuánto se enriquecerán o cambiarán los mapas mentales de los contramaestrenses en la actualidad ante los cantos y toques de tambor que llenan la ciudad durante las celebraciones de Santa Bárbara, San Lázaro o el rito de San Juan; cuando las imágenes y atributos religiosos sean bendecidos en dichas celebraciones para luego viajar a Miami, España o Italia, para establecer los nudos simbólicos entre los residentes de dentro y de fuera de la ciudad? Para hacer más compleja esta realidad, en la Ciudad del Cítrico de los ochenta, se incrementan las membresías de las denominaciones evangélicas y surgen nuevos movimientos de reforma apostólica y metodistas, cientos de personas realizan trámites para acogerse a la ciudadanía española, al amparo de la “Ley de la Memoria Histórica” aprobada por el gobierno de ese país en el 2007. Y, en plena oposición los cimientos de la ciudad se estremecen todos los años durante la celebración del Festival “Rockevolution”.

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[1] El término gallego era utilizado genéricamente por los cubanos para referirse a los inmigrantes españoles procedentes la Península Ibérica, independientemente de la provincia de origen.

[2] Autorización de Contrata para la construcción del ferrocarril Contramaestre-Jiguaní, firmado por el presidente Don Tomás Estrada Palma. Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba, Fondo del Gobierno Provincial, Legajo 623, Exp. 4, año 1902.

[3] William Van Horne puso en práctica un procedimiento de compras de tierras y “permisos revocables”. Se trataba de obtener autorización para atravesar un camino, río, o un pueblo, paralizaba la obra al paso por éstos y persuadía a los trabajadores para que hablaran con las autoridades; así obtenía un “permiso revocable” que adquiría un carácter de verdadera concesión.

[4]

[4] Federico Almeida, procedente de Moya en Gran Canaria, concertó varios aptos de compraventa de tierras en los términos municipales de Alto Songo, San Luís y Palma Soriano. Ver Sierra G. y J.C. Rosario(2001) Los canarios en Cuba: juntos pero no revueltos. Tenerife: Centro de la Cultura popular Canaria.

[5] Federico Fernández Rosillo de origen español fue el primer administrados del Central América entre 1913-1919. Su hijo Federico Fernández Casas recuperó la administración del central en 1930, cuando ganó un litigio judicial a la firma Americana West Indies Sugar Company , amparados en la Ley de Hipotecas y asesorado jurídicamente por su suegro Don Luís Echevarria, presidente en ese tiempo de la audiencia de la antigua Provincia de Oriente,

[6] Copia de Escritura de Compraventa de terrenos segregados, No. 198, 5 de noviembre de 1910. Colegio Notarial de Oriente, Distrito de Bayamo. Esta escritura sirvió de recurso contractual para la formulación del proyecto de urbanización de Contramaestre aprobado por el ayuntamiento de Jiguaní el 5 de Febrero de 1913

[7] La refacción fue un recurso crediticio cuya renta abarcaba múltiples operaciones de financiamiento y comercio, pero permitió una relación entre los comerciantes y productores campesinos, estos podían pagar en especie (con la cosecha) o en dinero.

[8] Elaborado a partir de los datos de Carlos De La Torre y Alfredo Aguayo (1955) Geografía de Cuba. Corregido y actualizado por Leví Marrero. La Habana: Publicaciones Cultural. S.

[9] Los datos referidos a los términos municipales de Palma Soriano y Jiguaní se obtuvieron a partir del Censo Agrícola de 1946 y el Censo de 1953.

[10] De los frentes pioneros surgieron asentamientos en cuatro de las seis provincias cubanas: La Gloria City, en el norte de Camagüey, un asentamiento en Isla de Pinos con colonos de Minnesota, Las Dakotas y Canadá, Bartle y Omaha en el norte de Oriente

[11] El autor de este artículo hace una amplia descripción de estas operaciones refaccionistas en ellibro La Alimentación: el dominio invisible de las mujeres canarias en Cuba. Tenerife, Idea Ediciones, 2007.

[12] Los datos del censo de 1952 registran la población de Maffo en 11 388, de esta población, 7, 834 correspondían al pueblo de Contramaestre, y representaba 68 % de la población total, que era la sumatoria total de los núcleos poblacionales de América, Contramaestre y Maffo

[13] Según las Memoria de la Directiva del Círculo presentada por el Secretario de la Institución Sr. Manuel Carnero Morín la directiva, casi en su totalidad era de origen ‘español’, así como socios de la empresa Garcés-Morín y Cía. Ya en 1926, con el nombre de Casino Hispano-Cubano de Contramaestre, la sociedad contaba con 255 asociados varones de Contramaestre, América, Maffo, Los Pasos, Maibío, Guaninao, Baire, Jiguaní, Bijagual, Blasa y Filé.

[14] San Juan se convirtió en el patrón festivo ligado a un rito evocado por la población en el río de Contramaestre en la madrugada del 24 de junio. Una descripción más amplia de la celebración aparece en el artículo “El patronato festivo y la evocación ritual de San Juan en Contramaestre”, en A. Galván (ed.) Canarios en Cuba: una mirada desde la Antropología. Santa Cruz, 1997

[15] La producción azucarera continuó siendo el primer renglón exportable y en menor medida el café y el ganado vacuno.

[16] Los antiguos pobladores del Batey de Las Cruces afirman que el caserío se funda en una de lascolonias administradas por el Central América y debe su nombre a Crucita, hermana de Federico Fernández Casas que era administrador del Central América.

[17] El barrio de La Carolina se ubicó en otras de las colonias de Federico Fernández Casas, que puso el nombre de su hermana Carolina.

[18] Este registro está asociado a la distribución de la canasta básica y cuenta con una Oficina De Consumidores en el municipio y una Oficina Municipal de Estadísticas, que además del registro por núcleos familiares, realiza el control de la población por grupos de edades, repartos, barrios y Consejos Populares.

[19] A este nuevo barrio los pobladores de Contramaestre y América lo bautizaron como “Lengua Suelta”.

[20] El Sonero Candido Fabré utiliza estas alocuciones en sus actuaciones de Carnaval. La referencia fue tomada por el autor el Sábado 11 de junio de 2011, en La Plaza “Orlando Pantoja” de Contramaestre).

[21] (Informante residente en el Reparto Lumumba, 63 años)

[22] En el registro de consumidores aparecen tres núcleos familiares (por el número de tarjetas de abastecimiento) que suman quince personas de tres generaciones: padres/madres, hijos/as y nietos/as respectivamente.

[23] Hasta el año 2010 –fecha en que se debate la ampliación del trabajo por cuenta propia- el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social solo consideraba vinculación laboral a los contratos determinados e indeterminados realizados en el sector estatal y los trabajadores patentados para el trabajo por cuenta propia, excluyendo a los/as trabajadores/as empleados por los cuentapropistas.

[24] Los barracones en todas las colonias mencionadas, destinadas a los trabajadores temporales de la zafra cañera, se convirtieron en viviendas permanentes de muchos haitianos que contaban con la protección de los colonos.